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Hace millones de años en los lechos de los mares se depositaron ingentes cantidades de restos calcáreos procedentes de la fauna marina. Con los movimientos tectónicos tales lechos, ya fosilizados, se acercan al magma bajo la corteza terrestre y sus materiales se funden dando lugar al mármol. Nuevos movimientos devuelven lo que ya es mármol a la superficie. Incluso el frío y duro mármol parece tener una trayectoria, una intención.


Mi objetivo fue detectar diferentes intenciones, ímpetus los llamé, y logré definir 106. Luego, mediante un método sacro-científico, todos ellos se agruparían resumiéndose en siete esenciales que explicasen mi existencia en aquel momento.


Los tres primeros, el que endurece las piedras, el que sorbe los minerales y el que pudre las cosas, corresponden a todos los ámbitos. Los tres segundos, el del miedo y el silencio, el de la fruta gorda y el que se corta en las venas, están relacionados con las peculiaridades del ser humano. El séptimo, ímpetu de aunque no quieras, simboliza el azar, el caos y su aparente necesidad. Desde la interacción de tales ímpetus era posible entender y observar la naturaleza de las contradicciones de mi propio comportamiento.

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